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lunes, 9 de julio de 2012

Azawad: ¿el fin del sueño tuareg?

Esta semana he considerado interesante subir un artículo que escribí recientemente para la Revista ATENEA Digital acerca de los tuaregs. Si alguien no sabe quienes son, es su ocasión. 

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Los tuaregs son un pueblo sin Estado de alrededor de 1,5 millones repartidos entre Malí, Níger, Argelia, Libia y Burkina Faso. Llamados los "hombres azules" del desierto, éstos son asiduos protagonistas de rebeliones en la región. Si ya se levantaron en armas contra el gobierno colonial francés, las independencias africanas tampoco colmaron todas sus expectativas. La pobreza, la escasez de agua y la sensación de haber sido abandonados a su suerte han fomentado, desde siempre, su malestar. Su lucha contra estas injusticias y su forma de vida nómada y libre los ha convertido en un icono romántico para muchos occidentales. Estas rebeliones podrían tener, al final, escaso éxito pero nunca han carecido de simpatías internacionales. Un ejemplo de ello es que, el Movimiento Nacionalista para la Liberación del Azawad (MNLA), grupo fundado en 2011 y que persigue oficialmente el establecimiento de una república laica independiente en el norte de Malí, mantenía hasta hace poco cordiales relaciones no oficiales con distintos gobiernos europeos.

Con un panorama complicado en el Sahel (la inestabilidad en Libia y otros estados, secuestros de occidentales, tráfico de drogas, la presencia de Al Qaeda del Magreb Islámico (AQMI),.), existía la necesidad de "tranquilizar e integrar" a los "hombres azules". Sin embargo, como en otras ocasiones, los rígidos preceptos de la geopolítica occidental fallaron en África.

Un cóctel explosivo

Una serie de factores se dieron en el norte de Malí para que hoy en día sea foco de preocupación internacional. Junto al ya mencionado MNLA aparecieron en escena el grupo salafista Ansar al Din, cuyo objetivo es instaurar la ley islámica en todo el país, y el misterioso Movimiento para la Unidad del Yihad en África Occidental (MUYAO), un pequeño grupo escindido de AQMI y que mantiene secuestrados a una italiana y a los españoles Ainhoa Fernández y Enric Gonyalons. Además, la caída de Gadafi propició la llegada de armas y equipamiento provenientes de sus arsenales y de cientos de combatientes tuaregs que hasta ese momento habían estado al servicio del sátrapa libio. Así, los ingredientes del cóctel estaban preparados. Sólo hacía falta combinarlos.

La gran ofensiva tuareg

El pasado mes de enero, las diferencias entre el MNLA y Ansar al Din parecieron quedar atrás cuando decidieron unir fuerzas contra el Estado de Malí e iniciar una ofensiva armada. Las fuerzas gubernamentales, mal equipadas y peor entrenadas, fueron incapaces de frenar a los rebeldes. El ambiente en la calle y en los cuarteles se comenzó a caldear mientras se acusaba al presidente Touré de no haber hecho lo suficiente para frenar a los tuareg. Finalmente, el 22 de marzo un golpe de estado derrocó al presidente.

La condena internacional no tardó en llegar desde el Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas. Además, la Comunidad Económica de Estados de África Occidental (CEDEAO) exigió la vuelta al orden constitucional e impuso un embargo draconiano contra Malí. A este aislamiento diplomático de los golpistas, se sumaron los éxitos tuaregs al conquistar las principales ciudades del norte. Así, el pasado 26 de mayo, tras intensas discusiones, los dos principales grupos tuaregs estaban en condiciones de proclamar la independencia del Estado Islámico del Azawad acordando repartirse el poder. Los tuaregs por fin parecían tener su Estado. Sin embargo, esta presunta consumación del objetivo último del pueblo tuareg, puede convertirse en el fin de su sueño.

¿El fin del sueño tuareg?

La visión romántica del movimiento tuareg se ha visto distorsionada en las últimas fechas por la presencia de elementos afines a Al Qaeda dentro de la rebelión y la simpatía se ha convertido en recelo. Tanto el MNLA como Ansar al Din han negado estas informaciones conscientes de que, llegado el momento, van a necesitar del apoyo exterior para solucionar el conflicto. Los islamistas se han convertido en una pesada carga para el MNLA. Sólo cinco días después de proclamar la independencia del Azawad, el MNLA se retiró del acuerdo de gobierno para apoyar la formación de un estado secular y laico. El 17 de junio la ruptura pareció definitiva cuando el líder de Ansar al Din, Ag Ghali, rechazó la declaración de independencia al argumentar que su objetivo era proclamar la ley islámica en todo Malí. Desde entonces, el MNLA ha tenido diversos enfrentamientos, especialmente con la MUYAO, como el ocurrido el pasado 27 de Junio en la ciudad norteña de Gao y que costó la vida a 20 personas. El último episodio de este creciente caos que parece vivirse en la región es la destrucción de diversos monumentos históricos en la ciudad de Tombuctú por parte de Ansar al Dine y que les ha supuesto la condena internacional.

Sin respuesta de momento

La presión de la CEDEAO ha obligado a los golpistas a abandonar el poder pero el nuevo gobierno sigue afrontando una delicada situación interna. Los países africanos continúan de cumbre en cumbre mientras que la propuesta de enviar una fuerza africana a Malí, se encuentra paralizada debido a la complejidad de alcanzar objetivos tangibles y a problemas logísticos y económicos. Ante estos hechos, la propia Unión Africana ya ha solicitado al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas que se encargue del asunto.

Las potencias occidentales observan con preocupación la evolución de los acontecimientos. Ya se ha calificado el norte de Malí como "una plataforma para la expansión del terrorismo" o como la "nueva Somalia". Sin embargo, se teme intervenir en la región cuando aún nos estamos lamiendo las heridas de Libia. Desde Occidente se apuesta una vez más por una solución africana que, bajo el paraguas de las Naciones Unidas, cuente con nuestro apoyo logístico. Sin embargo, ésta, como todo en África, puede tardar en llegar. Mientras tanto, desde las cancillerías europeas aún se alberga la lejana esperanza de que, el MNLA, pese al momento de debilidad que vive frente al auge de otros grupos, pueda retomar el control de la situación, doblegar a los salafistas y no poner fin al sueño tuareg.

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